Miyél

Un video versión 2011 que acabo de encontrar mientras ordenaba mi tonelada de fotos inordenable. Suena como el ortelano, con aviones incluídos, y está remil cortado. Neverteless, me pintó una sonrisota.

Miyelada

First time inside da monstah – Hong Kong – Febrero 2015

Aquí nos volvimos verdaderos amigos con Elkin, cuando salimos a tirar fotos juntos por esta increíble ciudad. Lo envidié desde el principio; él tiene un ojo fotográfico tan natural y compone y ve cosas donde nadie las ve….

Éste fue el día en que me sacó unas fotos re lindas. Pasamos la tarde en Ocean Park, un parque onda Disney re zarpado en donde nos subimos en toooodos los juegos de alto riesgo. Pero flipamos con la montaña rusa más grande y más alta, la cual abordamos tres veces hasta que cerró el parque. Era tan gigantésimo el lugar, que tuvimos que subir a la parte de los juegos estos que nos interesaban en unos carritos aéreos; para volver a la entrada del parque, nos tuvimos que tomar un tren…!

Luego pateamos por las calles asiáticas tomando fotos; cenamos en un restaurant pequeño muy típico chino, pasamos por una monstruosa casa de insumos artísticos en donde invertí unos felices 68 dólares en acuarelas, acrílicos, pinceles, block de papel A3 para acuarelas, fijador para lápiz y carboncillo, y una pluma con varias puntas. Era mi juguetería, no podía creer lo inmenso del lugar y no paré de corretear de un lado a otro asta que noté que Elkin se estaba poniendo nervioso.

Terminamos en un bar underground usando wifi para hablar con Agustín, el muchacho a quien nunca conocí en persona pero que fue quien me contó de este trabajo; por ende, gracias a él terminé en este barco. Lo loco es que, sin saberlo, él estuvo en ese barco unos largos meses y se bajó dos semanas antes de que yo lo abordase, y era el roommate de Elkin. Así que fue todo un evento hablar los tres con nuestras voces humanas.

Luego volvimos al barco en taxi. What a day, what a life.

Halong Bay, Vietnam, en B&N – Feb 2015

Halong Bay es una suerte de pueblito pintoresco que se debe haber vuelto popular racias al turismo de cruceros (digo yo). El barco propiamente dicho no ‘estaciona’ en la isla, sino que aparca ahí cerca, y luego un ‘tender boat’ (un botecito con una capacidad de unas 20 o 40 personas, no recuerdo) nos acercaba hasta la entrada del lugar. Nadie aquí habla una pizca de inglés, lo cual lo hace más interesante aún.

Hay un puente super altísimo que atraviesa el mar y el cual crucé caminando un par de veces, en donde los autos te pasan fiummmmmmmmm! bieeeen al ladito. Da miedo y es divertido al mismo tiempo. Me recuerda al puente Rosario-Victoria, supongo que por su estructura.

Aunque no pareciera estar muy contaminado, algo que llama mucho la atención es el uso de barbijos por una gran parte de la población oriunda del lugar.

Otra cosa que me sorprendió es cómo los gatos y los perros asiáticos también tienen rasgos asiáticos y son diferentes a nuestras mascotas occidentales. ¡De verdad!

****

Es tan lindo y tan extraño vagar sola o con Brian o Brill o con Harvey por estas calles…

 

Halong Bay, Vietnam, a color – Feb 2015

Uno de los primeros puertos en los que pude bajar y conocer. Tenía tanta ansiedad de conocer Asia… y me gustaron mucho las fotos que saqué allí…

La morena es Brill, una sudafricana bellísima que trabajaba en el Spa. Nos volvimos amias enseguida, aunque ella se puso rara  en un momento. Luego yo empecé a salir con Brian y no la vi mucho más, y luego nunca más. Después de un tiempo, me enteré de que la habían echado.

Nunca pude darle las fotos que le saqué.

After Valentines

Este día fue el 11 de febrero de 2015. Me tocó sacar fotos en la fiesta de Valentines que se celebró ese día para los tripulantes del barco, y después de sacar una tonelada de fotos, mientras todos se divertían y se embriagaban a lo loco, yo me fui con Elkin que trabajaba en su lab en el tween deck, eso sería en el piso debajo del piso cero.

 

Dentro de la porquería del laburo nuestro, el de Elkin es el mejor porque al ser el videógrafo del team, sale de tour siempre para filmar a los turistas, y más tarde labura solo en su estudio sin que nadie lo joda, y hace más guita que los photogs. Él ama el rock así que cuando edita, lo pone a todo lo que da y nadie le rompe las bolas.

Esa noche me fui con el violín y con eso y su ukelele estuvimos zapando sobre temas de Eddie Vedder. Hacía poco que nos conocíamos, pero ya nos habíamos conectado de un modo muy especial. Esa noche lo fue mucho para mí gracias a esa visita.

 

Elkin again

Esa noche paseamos por Hong Kong con Elkin y fue mágica (es la noche de la cual posteé fotos que me sacó él, en un post previo). Fue en las primeras semanas de mi viaje, y a partir de allí nos volveríamos super amigos ya que los otros chicos del photo team no tenían el mismo interés que nosotros en salir a tirar fotos; ellos simplemente buscaban internet y comida. Elkin y yo, en cambio, éramos los más freaks, nos gustaban las mismas cosas y nuestro motivo de viajar era para fotografiar todo lo que pudiésemos, y además nos entendimos mejor aún por ser los dos únicos latinos del team.

Esta foto la sacó un chico que sacaba polaroids (analógicas of course) en la calle; ése era su trabajo. Elkin se sacó una para él solo, yo me saqué una individual también (que espero encontrar por algún lado de mis fotos impresas de aquel viaje porque estaba copada), y luego nos sacamos esta foto juntos. En caracteres chinos, el fotógrafo nos escribió el nombre de la calle en donde transcurrió esa magia, al lado de la fecha.

 

Elkin y Sol forever un solo corazón edit

Him

-En el transcurso de fines de febrero hasta principios de abril de 2015-

Un día lo crucé por ahí en el barco, trabajando para la galería de arte, y le pregunté si sabía en dónde podía encontrar acuarelas. Yo tenía un jueguito pequeño de acuarelas que me había regalado el lab manager, Ronnie, el cual había encontrado en su cuarto al llegar al barco; eran unos pocos colores ocres, y yo estaba desesperada por dibujar. Este chico, que pensé que era un inglés de unos 30 años que se dedicaba a mover los cuadros de las subastas de arte, me dijo que no sabía, y me dijo algo de que él usaba acuarelas en la secundaria. Yo pensé que pensaba que yo era una boluda, o quizás yo pensé que él era un boludo (sí, más bien debe haber sido eso) y seguí con mi vida.

Me lo volví a cruzar al bajar del barco en alguna ciudad japonesa que no recuerdo, y me acuerdo que le hablé porque llevaba un skate colgado en la mochi y me pareció copado. Creo que ni lo asocié con el chico de las acuarelas. Yo iba con los chicos de mi team de foto, así que en una esquina nos despedimos.

Otro día, yo estaba comiendo sola en un break del laburo, en el restaurant de arriba, ese lindo desde donde se ve todo el mar desde un décimo piso, y él vino y se sentó conmigo y se puso a hablar. El laburo que hacía en el barco en verdad era ser el bajista de la banda de jazz, que estaba super copada, y lo de la galería de arte era un side job para ganarse unos buenos dólares extra, empujando los carritos con cuadros pesados los días que había subasta de arte. Me contó que a veces iba a uno de los restaurantes del barco cuando cerraba, a medianoche, y se ponía a tocar el piano. Me pareció re copado, y me pasó el tel de su habitación para que alguna noche vayamos juntos.

Me lo crucé mil veces y siempre me olvidaba su número, su cara, la promesa de llamarlo. Me chupaba bastante un huevo. Un día al final ni recuerdo cómo, pero imagino que después de un par de  veces en que me volvió a dar su tel, sí recordé esos 4 números y lo llamé para ir a aquel restaurant, el Olympic. Nos metimos medio laberintísticamente por una entrada trasera del resto, cuando ya no había nadie laburando, y él se puso a tocar el piano: composiciones propias, mayoritariamente, en modo jazz. Un flash tener mi propio concierto personal. Este tal Brian no era un inglés de 30 años sino un yanki de 23. Ahí me prometí nunca avanzar, y seguimos encontrándonos para ir al restaurant y entonces yo dibujaba y sacaba fotos mientras él tocaba.

Un día yo estaba cenando en el restaurant del décimo piso con los chicos del photo team, y él vino y se sentó con nosotros. Me siguió y me dijo que quería hablar conmigo. Fuimos al único espacio de techo abierto que hay para los tripulantes, y nos sentamos y me confesó nerviosamente que yo le gustaba y que hacía días que no podía dormir. Me sentí torpe y estúpida, yo también estaba re ‘into him’, pero no quería arruinar lo hermoso que era ir al Olympic a tocar el piano y dibujar sólo por algo tan tonto como gustar de él, así que nunca mostré un sólo signo de nada sino que, al contrario, rechazaba disimuladamente todos sus palos. Entonces, en esa suerte de terraza con estrellas y mar, nos besamos torpemente, y yo me puse nerviosa y me fui a lo de Elkin, mi mejor amigo. Tomamos un whisky juntos y luego no recuerdo bien. Brian recuerda mejor que volví a él, pero yo no me acuerdo más.

Todo es tan borroso para mi frágil memoria. Nos quedaba un mes de convivir en el barco hasta el fin de su contrato. Durante unos días, semanas, me hice la boluda y lo mantuve oculto, porque yo ya tenía otro “novio” en el barco, el chico de las pizzas, un negrito hermoso de Tanzania. Pero no lo quería de verdad. Me di cuenta de que realmente me gustaba Brian cuando me afeité las piernas (toda una ceremonia, contando con los pocos recursos del barco y el poco tiempo libre que me dejaba mi laburo).

Recuerdo a Lisa Rhodes, la saxofonista de la orquesta, que me dijo que era una proeza que él se hubiese animado a hablarme, ya que no hablaba con nadie. Posta que el loco no hablaba con nadie.

Pasamos días hermosos con Brian, en Tailandia, Singapur, Hong Kong, qué sé yo. En el barco, todos los días. Él era mi apoyo al final de cada estresante jornada de trabajo esclavo, y tener alguien que me abrazase era hermoso. Nos fuimos conociendo y ahí me enteré que él gustó de mí la primera vez que me vio, en la fiesta de San Valentín, el 11 de febrero (unos días por adelantado, quién sabe por qué), en la cual yo estaba trabajando, sacando fotos. Él pensó que yo era francesa, como todos los que me conocieron en el barco, y estaba por  venir a decirme algo en francés el muy bobi.

Una de las noche más memorables fue cuando tuvimos overnight en Pattaia (Tailandia), eso quiere decir que el barco pasó la noche en el puerto y nosotros pudimos pasar la noche afuera, así que fuimos a pasar la velada con la banda (Blackout Funk), que eran Brian en el bajo, Jordan “Stix” Carter en la batería, Joel Hill en piano (el cabinmate de Brian y personaje al que adoro), Ryan Johnson en guitarra y Sean Brown en voz. Los chicos se fueron a un lugar despreciable al cual yo entré y salí al toque, y me fui a caminar con mis auriculares puestos. Encontré, unas horas más tarde, a Brian con sus auriculares puestos; yo venía escuchando Morphine creo y él algo metalero, caminando en dirección opuesta a mí, y bastante en pedo y confensando -pero no queriendo hacerlo-, su amor. Me enojé un poco y terminé diciéndole que yo tenía que ponerme en pedo también, así que pasamos una bizarra escena en un bar tailandés en donde nadie entendía un pito de inglés y yo me puse unos cuantos vodkas encima que él pagó uno por uno. Fuimos al hotel que él había alquilado y pese a los intentos, nada, nos re dormimos como los dos borrachos que fuimos esa noche. muy divertido. La última foto de estas que posteo acá es justamente de esa noche.

Fue muy loco todo; la vertiginosidad de vivir en un barco intensifica la sensación de amar, supongo. Yo pensé que después del Rulo, con quien había vivido todas, todas todas las emociones que creí posibles -desde las más elevadas hasta las más profundamente tristes-, ya nunca más volvería a sentir. Me sentía muy afortunada de haber podido experimentar tantas emociones diferentes, de haberme fundido con el universo estando enamorada, que pensé que “that’s it for me”, y que de allí en adelante mi vida transcurriría sin volver a enamorarme jamás. Estaba equivocada.

Luego de su partida fueron días tristísimos para mí. Pasé días bajando en los puertos y corriendo a hablar por skype con él (porque la internet del barco es una mierrrrda) hasta que al fin, cuatro meses después, terminó mi contrato y bajé del barco. Al tiempo vino a verme a Rosario, pero esa es otra historia. Aquí los recuerdos del barco: el famoso Olympic al principio, luego el Orchestra pit (un lugar de ensayo en donde nadie nadie ensaya nunca y de donde me robé un estuche de cello que me sirvió de valija al regreso), y la última, en Pattaia.